Modo Avión

Fuego

Modo Avión

Me desperté ardiendo. Bañada en sudor. No tenía fiebre, sin embargo. Era la ciudad que ardía. Y yo con ella. ¡El maldito calor de un verano que parecía no querer irse! Lo primero que hice al despertar fue revisar el móvil. No había mensaje alguno. No había llamado. Resistí a la tentación de llamar yo. Esta vez no. ¡Esperaba que ardiera en el infierno! No el del verano. Aunque no estuviéramos en la misma ciudad, ni siquiera en el mismo hemisferio. Mi infierno era otro, además del calor, el infierno emocional. ¡Qué era aún peor que el climático! Y parecía ser además inevitable. Todas las duchas del mundo no lograrían eliminar ese infierno. El agua me refrescaba, pero solo por fuera. Por dentro no. Me seguía quemando. Miré el teléfono una última vez. Me recosté en el sofá mirando el cielo todavía oscuro. Traté de descubrir las pocas estrellas que se dejan ver en una ciudad demasiado afectada por la contaminación lumínica. Había cerrado los ojos por unos instantes cuando el sonido del teléfono me sobresaltó. Las llamaradas de mi infierno se agitaron en mi interior —¿será él? Mi primer impulso fue correr para tomar el móvil. Con esfuerzo logré evitarlo y no moverme. ¡Fue un esfuerzo titánico! Una voz en mi mente trataba de convencerme de que atendiera el llamado. Pero aun así logré batallar entre las lenguas de fuego para salir casi indemne. Casi. Porque en realidad nunca salimos ilesos de nuestros infiernos. ¡Ni de los más pequeños! Solo que algunas quemaduras duelen y perduran más que otras. En definitiva, ese llamado no lo tomé, pero más tarde no pude evitar verificar si era realmente él quien había llamado. —Y no... ¡no había sido! ¡el muy maldito! ¡y yo que seguía quemándome en los infiernos equivocado! ¿Por qué todavía lo esperaba? ¡Qué maldito hechizo me cegaba tanto!, Estaba tan cansada de tanto infierno que al final había decido irme lejos por un tiempo. En busca de tierras heladas y ríos azules. Tenía que salir de ahí. Olvidar como fuera. Hasta que no quedara ni una mísera llamarada. Y así lo hice...Estoy ahora en un vuelo que se anuncia confortable. Lista para el viaje que extinguirá mi estupidez infernal. Cierro los ojos como lo hago siempre antes de un despegue. Y en ese instante suena el teléfono. Me sobresalto. Pero no. ¡No era mi móvil! En seguida recordé que el mío estaba en modo avión.
Rosi Pellier
ESCRITORA
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